lunes, 30 de mayo de 2016

Las máquinas infernales.


Hace ya dos semanas, en las oficinas que visité de Las Glorias, en Barcelona, tuve la suerte de poder degustar una reinterpretación del término "Descafeinado con leche". Y es que la máquina de cafés decidió servirme mi bebida como sale en la primera foto. Esto es, sin café. Desde luego mi bebida era descafeinada y con leche... Así que poco podía quejarme.
Pues hete aquí que la semana pasada no tuve que hacer uso de estas máquinas del averno, creadas por el mismísimo fabricante de la mano de mono que compraba Homer en Marruecos así que pude degustar deliciosos cafés de lunes a viernes y sin contratiempos. Todo por el módico precio de 0€, no así como las napolitanas del hotel, que solo pude disfrutar el primer día, pues el resto de la semana aparecieron unas GORDAS alemanas que se apalancaron en el lobby del hotel para DEGLUTIR tales manjares. Habiéndome olvidado ya del incidente de la leche descafeinada he ido hoy, en el Carrefour de Granollers, con la mayor de las inocencias y de las somnolencias a por otro café. Esta vez era un "café con leche". Esto quería decir que:
1. TENÍA que INCLUIR café. Por definición.
2. TENÍA que INCLUIR leche. Por definición.
3. Debía de NO incluir azúcar (ya contaré en otro momento mi incidente con el azúcar y la máquina de café de Poio).
Hasta aquí bien, todo correcto. Introduzco mis 35 céntimos, me cercioro de que NO tiene AZÚCAR y rápidamente pulso el botón de CAFÉ CON LECHE. ¿Qué podía salir mal? A priori nada. La máquina empieza a funcionar, a hacer ruido y entonces....
HORROR
Observo cómo el palito es de plástico que sirve para remover el café y comprobar si este está lo suficientemente caliente como para doblarlo, CAE EN EL DESAGÜE DE LA MÁQUINA.
Entro en crisis, miro a mi alrededor como si fuese a estallar una bomba y toda la Humanidad dependiera de ello. Me pongo a buscar un vaso sabiendo que el tiempo juega en mi contra. Pero no hay ninguno cerca. Abatido, contemplo como el precioso líquido marrón sale de la máquina y va a parar junto al palito de remover. Y tras él, la leche. Tenía café. Tenía leche. No tenía azúcar. Nadie especificó que debía incluir vaso.
Como NECESITABA un café si no quería morir de sueño y con la decisión propia de alguien que busca no dormir en horas de trabajo, me hice con un vaso de plástico. Mi mayor temor entonces era que el calor del café (juro que sale ARDIENDO, he visto lava evaporarse al entrar en contacto con estos cafés) no derritiera el vaso de plástico.
Introduzco otros 35 céntimos en la máquina. Coloco el vaso en posición, me cercioro de que una vez más NO... LLEVA... AZÚCAR y le doy al botón. Entonces en una última mueca, en un último gesto de burla hacia mi persona contemplo cómo una simple máquina de café ruin, abyecta y despreciable, se ríe de mí.

Y para muestra una foto:


Sí. Hay dos vasos.
Sí. La máquina estaba ASQUEROSA.
No. No volveré a subir fotos verticales.

1 comentario:

  1. Vas a recibir tu mejor consejo de la semana: cuando compres café de máquina infernal pide SIEMPRE capuchino.

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