En este Wok saben lo que se hacen.
Pequeña actualización la de hoy, me temo. Pero bueno. Parece que mi pequeño problema con las máquinas de café (he evitado bastante la de aquí, pero mañana y pasado me tendré que arriesgar) se ha extendido a la gastronomía en general. Pero de otra manera.
Todo comenzó el mismo lunes. Acabé, como siempre, a las 22h. Con todo lo del viaje, el trabajo etc pues se hizo un día largo y cansado. Tanto es así que volviendo al hotel vi un Burger King y me decidí a parar. Porque me apetecía bastante volver a saborear una Long Texas Fuego. Echaba de menos ese festival de sabores en mi paladar. Aunque tenían Auto King decidí aparcar, ordenar mi sabroso menú y llegar al hotel.
Todos sabemos que en Burger King no es que sea especialmente rápidos, e incluso hay una leyenda urbana que dice que si trabajas en McDonald's y tardas mucho en servir pedidos te llaman del Burger para que te vayas con ellos a trabajar. Bueno pues de ser esto cierto, el encargado del establecimiento del lunes estaba opositando duramente para ser una piedra. Porque más lento no se podía ser. Y se juntó la lentitud y pasotismo de uno (porque le daba igual que la chica del mostrador pidiese ayuda cinco veces en diez minutos) con las ganas de ir a McDonald's de otra (coautora de lo que me pasó) y con la inexperiencia de la pobre cajera. Y a todo esto había que sumarle un tío del Autoservicio que cada dos minutos aparecía, robaba los pedidos de los demás, y se piraba. Descuadrando todo.
Total, que ordené lo siguiente: Menú de Long Texas Fuego y una Crispy Chicken. Dos hamburguesas, un refresco y unas patatas. Ya está. Bueno pues delante de mí había un grupo de amigos, y por detrás yo qué sé. De todo. Y ahí estaba yo. Esperando mi pedido. Hambriento. Cansado. Y más cosas que no vienen al caso. Total que a la cajera se le acumulaba la gente, pedía hamburguesas más desesperadamente que mi estómago y dentro tenían un maniquí sin brazos preparando los pedidos bajo la estrictísima desidia del encargado. En un grito digno de los niños elegidos de Digimon, en ese momento en que sus compañeros digievolucionan, la cajera pidió ayuda al encargado. Y este despertó de su letargo y juro que parecía un autómata preparando pedidos. Impasible ante las peticiones de ayuda, ante los alaridos implorando que se diera más brillo. Mirando vacíamente la pantalla donde aparecía lo que tenían que hacer. A todo esto, ella seguía tomando pedidos. Y cuando ella se daba la vuelta (parecía muy cómico y casi surrealista), aparecía el del Auto King para robar hamburguesas. Le habría estampado la cabeza. Con perdón.
Llega el momento en que llega la ayuda. Eva. Eva era como el óxido nitroso. Tú aprietas el botón y este acelera dándole igual lo demás. Para la cajera, era como un teléfono rojo. La opción nuclear. Para el encargado juraría que es el Anticristo. Eva estaba como poseída y basándome en palabras textuales, le daba igual todo. Me habría quedado más tranquilo si le hubiese salido espuma por la boca mientras hacía las comandas (que por cierto las robaba el otro) con los ojos en blanco. Porque entonces habría tenido una explicación racional a su comportamiento.
Empezaron a salir pedidos. Se veía la hamburguesa al final del túnel. Pero esto era como pedirle un deseo a la mano de mono de Homer (ya recurrí a dicha mano en la anterior anécdota y la mantengo). Salían mal. Por fin me prepararon mi pedido. Yo estaba al borde de la locura. No sabía si reírme con la mirada perdida, matar a alguien o ponerme a hacer pedidos como un loco. Me largué ahí como si hubiese huido del noveno círculo del infierno.
Llego al hotel, mando un informe, se hacen las once de la noche, me dispongo a devorar mi tan ansiada Long Texas Fuego pero...
Sí.
Se equivocaron.
Y me metieron una Long Chicken.
Pero no quedan aquí mis desventuras gastronómicas. Un error es un error sin más, no "una maldición". ¿Qué pasó entonces? De entrada que el ser humano es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra. A ser posible aposta. Por probar. Pasó que quería un batido de Oreo, es como... No sé, un capricho semanal. Así que fui y para evitar esperas innecesarias, fui por Auto King. Me tocó esperar igual, pero al menos estaba sentado. Llego, ya con la boca hecha agua mientras pensaba en el batido de Oreo tan lleno de colesterol, de Oreo y fresquito que iba a ventilarme. ¿Pero no va el tipo que estaba en megafonía y ENTRE RISAS me dice que no le queda?? ¿Pero se puede ser más VIL? Os juro que se hizo el silencio y fue uno de esos momentos en los que me quedo callado durante unos segundos. Sopesando si enfadarme, montar un numerito, lanzar alguna frase que indicase mi indignación o simplemente irme a mi casa. Me preguntó si quería algo más. Pensé en responderle que cómo iba a querer nada si acababa de truncar mi deliciosa tarde. Me limité a decir que no dando las gracias (las gracias por nada) y me fui de ahí.
Y llegamos a hoy. A la comida de hoy. La deliciosa comida de hoy. Que he de reconocer que estaba rica. El caso es que el lunes comí en un Wok que hay al lado del hotel y tenían un pollo al limón que estaba perfecto. Con arroz era algo digno del mismísimo Zao Shen, un manjar propio del mismísimo Emperador de Jade. Y pasó lo que tenía que pasar. Que he ido a comer al Wok y en lugar del dichoso pollo al limón había cerdo agridulce. Que no está tan mal pero que no llegaba al nivel del otro plato.
Así que tres días que como en Sant Boi, tres días que me la lían. Veremos mañana y pasado... Que yo ya me espero cualquier cosa!
Espero que a partir de ahora tenga más suerte gastronómicamente hablando.
ResponderEliminar¡Seguro que sí! :)
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